De pronto crees que este poema te pertenece,
porque habla más de la virtud de tu belleza,
que de aquel que según tú, no la merece.
Pero si bien es tuyo el vaivén de tu cadera,
proclamo mía la erección que este genera.
De pronto te parece sumamente inteligente
aquella actitud irresponsable e indiferente.
O quizás es que tu belleza es así de malcriada,
que se entrega sin importarle quien pudiere
salir herido a causa de tamaña pendejada.
Pero recuerden ustedes, bellezas celestiales
Que aún siendo inteligentes y simpáticas
mi actitud podría parecerles algo apática.
Es porque me sorprenden más que dotes tales
los monos que manejan naves espaciales.
30.11.09
4.11.09
Pozo de depresión
Leyendo un poco de mi basurero me di cuenta de que esto se había vuelto un pozo de depresión realmente espeluznante. Afortunadamente algunas personas han respondido bien a esta tendencia y aprecian esos paseos a los lados más oscuros de mi cerebro y de la intensidad con la que deambulo por mi vida, pero no es justo para aquellos pocos que me leen y no me conocen que sólo lean eso y se pregunten por qué no he besado el extremo peligroso de una pistola todavía, ya que la verdad es que yo soy un tipo alegre, de buen ánimo y abundante sentido del humor.
Creo que esta tendencia ha devenido de que este año ha sido uno malo, de poco trabajo y de poca prosperidad, principalmente por aquello de la crisis financiera, que muchos insisten en decir que es una ilusión pero que a mi me golpeó con la realidad de una patada por las bolas. Claro, el año también ha tenido sus cosas sumamente positivas, pero lamentablemente mientras estas ocurren yo no escribo nada para el blog.
Es extraño, pero pareciera que la depresión es el estado inherente a la condición humana. Todas las religiones y demás instituciones relacionadas con lo espiritual ofrecen caminos para alcanzar la felicidad, como si dieran por sentado que, en principio, las personas estamos deprimidas. De pronto por eso al nacer, lo primero que hacemos es llorar y la vida, no es más que una serie de retos para ver si al morir lo hacemos con una sonrisa.
Además constantemente la gente hace referencia al mundo como un lugar horrible, despiadado y violento. Al menos se supone que de ahí sacamos los humanos la inteligencia, buscando formas de defendernos de la hostilidad de la naturaleza que nos rodea. Así pues, desarrollamos el ingenio, el mismo ingenio que ha terminado por convertirnos en lo más horrible, despiadado, violento y hostil que exista sobre la faz de este planeta.
Está bien, el amor, el arte, la amistad y otro millón de cosas buenas también son exclusivas del ser humano. Aunque dudo que frente al golpe de una bomba atómica todo mi amor pueda protegerme y que en vez de morir pulverizado junto a millones termine con una cicatriz en forma de rayo en la frente como Harry Potter. Uno igual puede albergar esperanzas así de tontas, pero a fin de cuentas hoy en día estamos peor que cuando nacieron los primeros homo sapiens, no sólo tenemos un mundo naturalmente hostil al rededor, sino que tenemos una pila de energúmenos con sus dedos en botones capaces de borrarnos del mapa, con nuestros amores, nuestras artes, nuestras amistades y nuestro otro millón de cosas buenas exclusivas del ser humano.
Entonces, ¿cómo hacemos para mantener el buen humor?, ¿cuál es la respuesta? No lo sé, pero podemos seguir buscándola en los fondos de las botellas, rodeado de nuestros amigos, de la mano de una mujer hermosa y con la cara decorada por una amplia sonrisa, mientras los más menesterosos usan el sobrevaluado ingenio que la naturaleza les dio para acabar con los que nos estamos divirtiendo.
En fin, lo escrito arriba no prentende sacar a El Basurero del pozo de la depresión, simplemente trata de dejar muy claro que cada vez que le escribo a la desesperanza, lo hago con una sonrisa y pasándomela bien.
Creo que esta tendencia ha devenido de que este año ha sido uno malo, de poco trabajo y de poca prosperidad, principalmente por aquello de la crisis financiera, que muchos insisten en decir que es una ilusión pero que a mi me golpeó con la realidad de una patada por las bolas. Claro, el año también ha tenido sus cosas sumamente positivas, pero lamentablemente mientras estas ocurren yo no escribo nada para el blog.
Es extraño, pero pareciera que la depresión es el estado inherente a la condición humana. Todas las religiones y demás instituciones relacionadas con lo espiritual ofrecen caminos para alcanzar la felicidad, como si dieran por sentado que, en principio, las personas estamos deprimidas. De pronto por eso al nacer, lo primero que hacemos es llorar y la vida, no es más que una serie de retos para ver si al morir lo hacemos con una sonrisa.
Además constantemente la gente hace referencia al mundo como un lugar horrible, despiadado y violento. Al menos se supone que de ahí sacamos los humanos la inteligencia, buscando formas de defendernos de la hostilidad de la naturaleza que nos rodea. Así pues, desarrollamos el ingenio, el mismo ingenio que ha terminado por convertirnos en lo más horrible, despiadado, violento y hostil que exista sobre la faz de este planeta.
Está bien, el amor, el arte, la amistad y otro millón de cosas buenas también son exclusivas del ser humano. Aunque dudo que frente al golpe de una bomba atómica todo mi amor pueda protegerme y que en vez de morir pulverizado junto a millones termine con una cicatriz en forma de rayo en la frente como Harry Potter. Uno igual puede albergar esperanzas así de tontas, pero a fin de cuentas hoy en día estamos peor que cuando nacieron los primeros homo sapiens, no sólo tenemos un mundo naturalmente hostil al rededor, sino que tenemos una pila de energúmenos con sus dedos en botones capaces de borrarnos del mapa, con nuestros amores, nuestras artes, nuestras amistades y nuestro otro millón de cosas buenas exclusivas del ser humano.
Entonces, ¿cómo hacemos para mantener el buen humor?, ¿cuál es la respuesta? No lo sé, pero podemos seguir buscándola en los fondos de las botellas, rodeado de nuestros amigos, de la mano de una mujer hermosa y con la cara decorada por una amplia sonrisa, mientras los más menesterosos usan el sobrevaluado ingenio que la naturaleza les dio para acabar con los que nos estamos divirtiendo.
En fin, lo escrito arriba no prentende sacar a El Basurero del pozo de la depresión, simplemente trata de dejar muy claro que cada vez que le escribo a la desesperanza, lo hago con una sonrisa y pasándomela bien.
28.10.09
A veces pasa
A veces pasa… Creo que es mi frase favorita, creo que es la frase que mejor describe la vida. La frase aplica para todo, incluso sirve para aquellas cosas que sólo suceden una vez. Si acaso hay cosas que suceden sólo una vez. No sé si deba decir mejor a veces me pasa, hacerlo personal, pero supongo que en la realidad a todos nos pasa todo.
A mi me pasó recientemente que me enamoré, justo cuando me quedé sin trabajo, viviendo en el extranjero, pero me enamoré de una persona de la que de pronto no he debido enamorarme, pero fue ella quien me enamoró, como siempre mi tendencia a sentirme miserable me ha hecho dudar, de pronto tengo razón en dudar, pero por primera vez pienso en aceptar las cosas buenas que vienen sin dudar. Supongo que este nuevo amor, por improbable que sea, a veces pasa.
En los últimos días me han comentado que soy una persona afortunada, exáctamente me han dicho la frase “con la suerte que tienes”, se me hizo curioso porque nunca me he sentido particularmente afortunado, digo, nunca he ganado rifas, loterías ni concursos importantes, pero de pronto ese no es el tipo de suerte o de fortuna al que estas personas se referían, de pronto mi suerte es tener tanta a gente a quien querer y mi fortuna es que soy correspondido. A veces pasa que no nos damos cuenta de nuestra propia suerte.
Ahora en estos días que paso mucho tiempo solo en casa, me doy cuenta que a veces pasa que pierdo una parte de mi. Es un proceso interesante, porque hay una período de luto, en el que el cuerpo, la mente e incluso el espíritu se adaptan a la pérdida. A veces el luto te lleva a un hueco que pareciera no tener salida. La cosa es que a medida que uno crece se va dando cuenta que siempre, casi sin darnos cuenta cómo, acabamos saliendo del agujero y madurando… Odioso verbo madurar, nunca me ha gustado, siento que decir que ahora soy más maduro es validar a todos aquellos que alguna vez me dijeron que eso era justo lo que me hacía falta. Lamentablemente a veces pasa que tengo que tragarme mi orgullo, reconocer mis errores, aprender y seguir.
A veces pasa o más bien, demasiadas veces pasa que nos preocupamos demasiado por lo que va a pasar y nos olvidamos de lo que está pasando. A veces pasa algo, a veces pasa alguien, a veces pasamos nosotros y si no estamos pendiente, ni siquiera nos vemos pasar.
A mi me pasó recientemente que me enamoré, justo cuando me quedé sin trabajo, viviendo en el extranjero, pero me enamoré de una persona de la que de pronto no he debido enamorarme, pero fue ella quien me enamoró, como siempre mi tendencia a sentirme miserable me ha hecho dudar, de pronto tengo razón en dudar, pero por primera vez pienso en aceptar las cosas buenas que vienen sin dudar. Supongo que este nuevo amor, por improbable que sea, a veces pasa.
En los últimos días me han comentado que soy una persona afortunada, exáctamente me han dicho la frase “con la suerte que tienes”, se me hizo curioso porque nunca me he sentido particularmente afortunado, digo, nunca he ganado rifas, loterías ni concursos importantes, pero de pronto ese no es el tipo de suerte o de fortuna al que estas personas se referían, de pronto mi suerte es tener tanta a gente a quien querer y mi fortuna es que soy correspondido. A veces pasa que no nos damos cuenta de nuestra propia suerte.
Ahora en estos días que paso mucho tiempo solo en casa, me doy cuenta que a veces pasa que pierdo una parte de mi. Es un proceso interesante, porque hay una período de luto, en el que el cuerpo, la mente e incluso el espíritu se adaptan a la pérdida. A veces el luto te lleva a un hueco que pareciera no tener salida. La cosa es que a medida que uno crece se va dando cuenta que siempre, casi sin darnos cuenta cómo, acabamos saliendo del agujero y madurando… Odioso verbo madurar, nunca me ha gustado, siento que decir que ahora soy más maduro es validar a todos aquellos que alguna vez me dijeron que eso era justo lo que me hacía falta. Lamentablemente a veces pasa que tengo que tragarme mi orgullo, reconocer mis errores, aprender y seguir.
A veces pasa o más bien, demasiadas veces pasa que nos preocupamos demasiado por lo que va a pasar y nos olvidamos de lo que está pasando. A veces pasa algo, a veces pasa alguien, a veces pasamos nosotros y si no estamos pendiente, ni siquiera nos vemos pasar.
28.9.09
Me siento mejor, pero sigo disperso
Creo que se me ha pasado un poco la gripe que tenía desde hace dos días... Aunque aún sigo un poco disperso. No sé si está relacionado, pero normalmente cuando me enfermo estoy más disperso que de costumbre.
Por ejemplo, hoy pensaba en Rosario, una mujer que está perdidamente enamorada del último vagón del metro. Luego pensé en Fernando, un pobre idiota que piensa que son los árboles quienes le roban las hojas al viento... ¡Qué casualidad que cada árbol roba siempre el mismo tipo de hojas!
También está Rodrigo, mucho más complicado. Él le tiene un asco tremendo a los llamados "líderes mundiales", está harto de como lo politizan todo. Ayer me hablaba de como está tratando de decidirse entre dos mujeres: Romina y Ana. Romina está buenísima, pero Ana es una enferma sexual que le dice que sí a todo. Rodrigo se pregunta a quien elegiría Mahmud Ahmadinejad y está seguro que Sarkozy elegiría a Romina, porque está tan buena como Carla Bruni, pero más joven.
Rodrigo siempre tendrá como pasatiempo buscar formas de hacerse la vida miserable, Fernando está destinado a ser un idiota por toda su vida y Rosario, aún no se da cuenta de que ese último vagón no se detiene por ella, se detiene porque está inevitablemente conectado al destino del primero.
A pesar de todo, Rodrigo, Fernando y Rosario siguen siendo mis tres mejores amigos imaginarios. Principalmente porque todos comparten el mismo número de teléfono y la misma dirección de email.
Por ejemplo, hoy pensaba en Rosario, una mujer que está perdidamente enamorada del último vagón del metro. Luego pensé en Fernando, un pobre idiota que piensa que son los árboles quienes le roban las hojas al viento... ¡Qué casualidad que cada árbol roba siempre el mismo tipo de hojas!
También está Rodrigo, mucho más complicado. Él le tiene un asco tremendo a los llamados "líderes mundiales", está harto de como lo politizan todo. Ayer me hablaba de como está tratando de decidirse entre dos mujeres: Romina y Ana. Romina está buenísima, pero Ana es una enferma sexual que le dice que sí a todo. Rodrigo se pregunta a quien elegiría Mahmud Ahmadinejad y está seguro que Sarkozy elegiría a Romina, porque está tan buena como Carla Bruni, pero más joven.
Rodrigo siempre tendrá como pasatiempo buscar formas de hacerse la vida miserable, Fernando está destinado a ser un idiota por toda su vida y Rosario, aún no se da cuenta de que ese último vagón no se detiene por ella, se detiene porque está inevitablemente conectado al destino del primero.
A pesar de todo, Rodrigo, Fernando y Rosario siguen siendo mis tres mejores amigos imaginarios. Principalmente porque todos comparten el mismo número de teléfono y la misma dirección de email.
22.9.09
Amor duradero
Me molesta lo del amor duradero
así, en singular
me molesta porque no lo tengo
pero tengo amores duraderos
así, en plural
Conseguirlo, dicen los escépticos
es un mito
Quizás, más bien, hay que hacerlo
para luego perderlo
en un mito
Veo parejas cercanas, de amigos
me dan náuseas
Me responden, no todo está perdido,
sin haber yo preguntado nada,
“Tu amor viene en camino”
me dan náuseas
Me molesta lo del amor duradero
así, en singular
que lo haya perdido de vista
entre tantos amores duraderos
así, en plural
así, en singular
me molesta porque no lo tengo
pero tengo amores duraderos
así, en plural
Conseguirlo, dicen los escépticos
es un mito
Quizás, más bien, hay que hacerlo
para luego perderlo
en un mito
Veo parejas cercanas, de amigos
me dan náuseas
Me responden, no todo está perdido,
sin haber yo preguntado nada,
“Tu amor viene en camino”
me dan náuseas
Me molesta lo del amor duradero
así, en singular
que lo haya perdido de vista
entre tantos amores duraderos
así, en plural
22.7.09
Miramar
Miramar mira el mar
de día
Miramar mira el mar
de noche
Miramar no es una palmera.
Miramar es dulce
todavía
Miramar es joven
entonces
Miramar canta con el corazón
es raro
Miramar debería cantar
con la boca
como todos los demás.
Miramar, no busques otra cosa en el mar que agua,
o vas a terminar consiguiendo tiburones.
Miramar no eres muy coherente,
vives sólo en mi mente.
Miramar, no pensabas al mudarte para allá,
ahora tu nombre cambia a cada rato.
Miramar estás loca
¿qué pensabas?
Miramar, ahora el mundo te da vueltas,
llevo encima nosecuantas cervezas.
Miramar ya no sabes a donde vamos
¿sabrás entonces cuánto te amo?
Miramar, vagabunda pendeciera,
disfrazada de dama de primera.
Miramar, estatua de sal al horizonte,
desnuda cabalgas tu rinoceronte.
Miramar, amiga de palabras y de verbos,
vives entre la segunda y la tercera persona.
Miramar, genia creadora de sus tonterías,
la primera ha de parecerte una broma.
Miramar, repite tu nombre, Miramar,
no vaya a ser que te acabes.
Miramar, no te vayas, Miramar.
¿dónde estás?
de día
Miramar mira el mar
de noche
Miramar no es una palmera.
Miramar es dulce
todavía
Miramar es joven
entonces
Miramar canta con el corazón
es raro
Miramar debería cantar
con la boca
como todos los demás.
Miramar, no busques otra cosa en el mar que agua,
o vas a terminar consiguiendo tiburones.
Miramar no eres muy coherente,
vives sólo en mi mente.
Miramar, no pensabas al mudarte para allá,
ahora tu nombre cambia a cada rato.
Miramar estás loca
¿qué pensabas?
Miramar, ahora el mundo te da vueltas,
llevo encima nosecuantas cervezas.
Miramar ya no sabes a donde vamos
¿sabrás entonces cuánto te amo?
Miramar, vagabunda pendeciera,
disfrazada de dama de primera.
Miramar, estatua de sal al horizonte,
desnuda cabalgas tu rinoceronte.
Miramar, amiga de palabras y de verbos,
vives entre la segunda y la tercera persona.
Miramar, genia creadora de sus tonterías,
la primera ha de parecerte una broma.
Miramar, repite tu nombre, Miramar,
no vaya a ser que te acabes.
Miramar, no te vayas, Miramar.
¿dónde estás?
15.6.09
Crisálida
Dicen que porque soy blanco me gustan las morenas, pero Crisálida era tan pálida que tuve que enamorarme de ella.
Su piel era tan blanca, más bien transparente. Tenía un color rosado, el color del músculo que se colaba por su piel traslúcida. Sus venas, algunas azules, algunas moradas, parecían el exótico tatuaje de una mujer aventurera. Pero mi pálida Crisálida nunca había salido de su cueva.
Cómo llegué a conocerla no es el inicio, sino el final del cuento. Cuando era niño recuerdo hablar con mi abuelo por momentos, sobre el pasado, el presente y los arrepentimientos. Hasta que un día le dije -abuelo, basta ya del pasado, mejor hablemos de lo que ha pasado en el futuro-. No sé que habrá pensado mi abuelo, pero rió.
Aquel día, no obtuve respuesta que satisficiera; así que, impetuoso como soy, salí tres años más tarde a buscar en un aburrido presente a alguien que me contara qué habría pasado en el futuro.
Raro era entonces como me miraban aquellos que conocía en el camino y con quienes compartía mi misión, como si mis ideas no tuvieran sentido, y eso que yo les explicaba con elocuencia y emoción -si yo voy del pasado al futuro, sólo tengo que conseguir a alguien que vaya en la dirección opuesta. Fíjense, es pura lógica, dos personas que vienen en dirección contraria algún día han de encontrarse-, pero igual no entendían. Pobres.
Caminé un largo rato, cruzaba inesperadamente en una esquina. Pasaba a través de un desierto, perseguía sin éxito a una golondrina. Nadé un lago de orilla a orilla, luego nadé una piscina. Mi misión cada vez menos cristalina.
Finalmente llegué a una cueva, más clara por dentro que por fuera. Su luz, adivinarán, la de mi pálida Crisálida, que con sus ojos blancos me miraba. Sin decir palabra me invitó a pasar. Me dijo -ya sé, no soy morena, pero te enamoraste de mi dentro de un rato, cuando salgas de mi cueva-. La miré fijamente unos minutos.
Me di media vuelta y al salir de la cueva de Crisálida, tan pálida, ya estaba enamorado. Ahora regreso a donde mi abuelo, espero encontrarlo en su pasado, a ver si todavía ríe.
Su piel era tan blanca, más bien transparente. Tenía un color rosado, el color del músculo que se colaba por su piel traslúcida. Sus venas, algunas azules, algunas moradas, parecían el exótico tatuaje de una mujer aventurera. Pero mi pálida Crisálida nunca había salido de su cueva.
Cómo llegué a conocerla no es el inicio, sino el final del cuento. Cuando era niño recuerdo hablar con mi abuelo por momentos, sobre el pasado, el presente y los arrepentimientos. Hasta que un día le dije -abuelo, basta ya del pasado, mejor hablemos de lo que ha pasado en el futuro-. No sé que habrá pensado mi abuelo, pero rió.
Aquel día, no obtuve respuesta que satisficiera; así que, impetuoso como soy, salí tres años más tarde a buscar en un aburrido presente a alguien que me contara qué habría pasado en el futuro.
Raro era entonces como me miraban aquellos que conocía en el camino y con quienes compartía mi misión, como si mis ideas no tuvieran sentido, y eso que yo les explicaba con elocuencia y emoción -si yo voy del pasado al futuro, sólo tengo que conseguir a alguien que vaya en la dirección opuesta. Fíjense, es pura lógica, dos personas que vienen en dirección contraria algún día han de encontrarse-, pero igual no entendían. Pobres.
Caminé un largo rato, cruzaba inesperadamente en una esquina. Pasaba a través de un desierto, perseguía sin éxito a una golondrina. Nadé un lago de orilla a orilla, luego nadé una piscina. Mi misión cada vez menos cristalina.
Finalmente llegué a una cueva, más clara por dentro que por fuera. Su luz, adivinarán, la de mi pálida Crisálida, que con sus ojos blancos me miraba. Sin decir palabra me invitó a pasar. Me dijo -ya sé, no soy morena, pero te enamoraste de mi dentro de un rato, cuando salgas de mi cueva-. La miré fijamente unos minutos.
Me di media vuelta y al salir de la cueva de Crisálida, tan pálida, ya estaba enamorado. Ahora regreso a donde mi abuelo, espero encontrarlo en su pasado, a ver si todavía ríe.
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