4.11.09

Pozo de depresión

Leyendo un poco de mi basurero me di cuenta de que esto se había vuelto un pozo de depresión realmente espeluznante. Afortunadamente algunas personas han respondido bien a esta tendencia y aprecian esos paseos a los lados más oscuros de mi cerebro y de la intensidad con la que deambulo por mi vida, pero no es justo para aquellos pocos que me leen y no me conocen que sólo lean eso y se pregunten por qué no he besado el extremo peligroso de una pistola todavía, ya que la verdad es que yo soy un tipo alegre, de buen ánimo y abundante sentido del humor.

Creo que esta tendencia ha devenido de que este año ha sido uno malo, de poco trabajo y de poca prosperidad, principalmente por aquello de la crisis financiera, que muchos insisten en decir que es una ilusión pero que a mi me golpeó con la realidad de una patada por las bolas. Claro, el año también ha tenido sus cosas sumamente positivas, pero lamentablemente mientras estas ocurren yo no escribo nada para el blog.

Es extraño, pero pareciera que la depresión es el estado inherente a la condición humana. Todas las religiones y demás instituciones relacionadas con lo espiritual ofrecen caminos para alcanzar la felicidad, como si dieran por sentado que, en principio, las personas estamos deprimidas. De pronto por eso al nacer, lo primero que hacemos es llorar y la vida, no es más que una serie de retos para ver si al morir lo hacemos con una sonrisa.

Además constantemente la gente hace referencia al mundo como un lugar horrible, despiadado y violento. Al menos se supone que de ahí sacamos los humanos la inteligencia, buscando formas de defendernos de la hostilidad de la naturaleza que nos rodea. Así pues, desarrollamos el ingenio, el mismo ingenio que ha terminado por convertirnos en lo más horrible, despiadado, violento y hostil que exista sobre la faz de este planeta.

Está bien, el amor, el arte, la amistad y otro millón de cosas buenas también son exclusivas del ser humano. Aunque dudo que frente al golpe de una bomba atómica todo mi amor pueda protegerme y que en vez de morir pulverizado junto a millones termine con una cicatriz en forma de rayo en la frente como Harry Potter. Uno igual puede albergar esperanzas así de tontas, pero a fin de cuentas hoy en día estamos peor que cuando nacieron los primeros homo sapiens, no sólo tenemos un mundo naturalmente hostil al rededor, sino que tenemos una pila de energúmenos con sus dedos en botones capaces de borrarnos del mapa, con nuestros amores, nuestras artes, nuestras amistades y nuestro otro millón de cosas buenas exclusivas del ser humano.

Entonces, ¿cómo hacemos para mantener el buen humor?, ¿cuál es la respuesta? No lo sé, pero podemos seguir buscándola en los fondos de las botellas, rodeado de nuestros amigos, de la mano de una mujer hermosa y con la cara decorada por una amplia sonrisa, mientras los más menesterosos usan el sobrevaluado ingenio que la naturaleza les dio para acabar con los que nos estamos divirtiendo.

En fin, lo escrito arriba no prentende sacar a El Basurero del pozo de la depresión, simplemente trata de dejar muy claro que cada vez que le escribo a la desesperanza, lo hago con una sonrisa y pasándomela bien.

28.10.09

A veces pasa

A veces pasa… Creo que es mi frase favorita, creo que es la frase que mejor describe la vida. La frase aplica para todo, incluso sirve para aquellas cosas que sólo suceden una vez. Si acaso hay cosas que suceden sólo una vez. No sé si deba decir mejor a veces me pasa, hacerlo personal, pero supongo que en la realidad a todos nos pasa todo.

A mi me pasó recientemente que me enamoré, justo cuando me quedé sin trabajo, viviendo en el extranjero, pero me enamoré de una persona de la que de pronto no he debido enamorarme, pero fue ella quien me enamoró, como siempre mi tendencia a sentirme miserable me ha hecho dudar, de pronto tengo razón en dudar, pero por primera vez pienso en aceptar las cosas buenas que vienen sin dudar. Supongo que este nuevo amor, por improbable que sea, a veces pasa.

En los últimos días me han comentado que soy una persona afortunada, exáctamente me han dicho la frase “con la suerte que tienes”, se me hizo curioso porque nunca me he sentido particularmente afortunado, digo, nunca he ganado rifas, loterías ni concursos importantes, pero de pronto ese no es el tipo de suerte o de fortuna al que estas personas se referían, de pronto mi suerte es tener tanta a gente a quien querer y mi fortuna es que soy correspondido. A veces pasa que no nos damos cuenta de nuestra propia suerte.

Ahora en estos días que paso mucho tiempo solo en casa, me doy cuenta que a veces pasa que pierdo una parte de mi. Es un proceso interesante, porque hay una período de luto, en el que el cuerpo, la mente e incluso el espíritu se adaptan a la pérdida. A veces el luto te lleva a un hueco que pareciera no tener salida. La cosa es que a medida que uno crece se va dando cuenta que siempre, casi sin darnos cuenta cómo, acabamos saliendo del agujero y madurando… Odioso verbo madurar, nunca me ha gustado, siento que decir que ahora soy más maduro es validar a todos aquellos que alguna vez me dijeron que eso era justo lo que me hacía falta. Lamentablemente a veces pasa que tengo que tragarme mi orgullo, reconocer mis errores, aprender y seguir.

A veces pasa o más bien, demasiadas veces pasa que nos preocupamos demasiado por lo que va a pasar y nos olvidamos de lo que está pasando. A veces pasa algo, a veces pasa alguien, a veces pasamos nosotros y si no estamos pendiente, ni siquiera nos vemos pasar.

28.9.09

Me siento mejor, pero sigo disperso

Creo que se me ha pasado un poco la gripe que tenía desde hace dos días... Aunque aún sigo un poco disperso. No sé si está relacionado, pero normalmente cuando me enfermo estoy más disperso que de costumbre.

Por ejemplo, hoy pensaba en Rosario, una mujer que está perdidamente enamorada del último vagón del metro. Luego pensé en Fernando, un pobre idiota que piensa que son los árboles quienes le roban las hojas al viento... ¡Qué casualidad que cada árbol roba siempre el mismo tipo de hojas!

También está Rodrigo, mucho más complicado. Él le tiene un asco tremendo a los llamados "líderes mundiales", está harto de como lo politizan todo. Ayer me hablaba de como está tratando de decidirse entre dos mujeres: Romina y Ana. Romina está buenísima, pero Ana es una enferma sexual que le dice que sí a todo. Rodrigo se pregunta a quien elegiría Mahmud Ahmadinejad y está seguro que Sarkozy elegiría a Romina, porque está tan buena como Carla Bruni, pero más joven.

Rodrigo siempre tendrá como pasatiempo buscar formas de hacerse la vida miserable, Fernando está destinado a ser un idiota por toda su vida y Rosario, aún no se da cuenta de que ese último vagón no se detiene por ella, se detiene porque está inevitablemente conectado al destino del primero.

A pesar de todo, Rodrigo, Fernando y Rosario siguen siendo mis tres mejores amigos imaginarios. Principalmente porque todos comparten el mismo número de teléfono y la misma dirección de email.

22.9.09

Amor duradero

Me molesta lo del amor duradero
así, en singular
me molesta porque no lo tengo
pero tengo amores duraderos
así, en plural

Conseguirlo, dicen los escépticos
es un mito
Quizás, más bien, hay que hacerlo
para luego perderlo
en un mito

Veo parejas cercanas, de amigos
me dan náuseas
Me responden, no todo está perdido,
sin haber yo preguntado nada,
“Tu amor viene en camino”
me dan náuseas

Me molesta lo del amor duradero
así, en singular
que lo haya perdido de vista
entre tantos amores duraderos
así, en plural

22.7.09

Miramar

Miramar mira el mar
de día
Miramar mira el mar
de noche
Miramar no es una palmera.

Miramar es dulce
todavía
Miramar es joven
entonces

Miramar canta con el corazón
es raro
Miramar debería cantar
con la boca
como todos los demás.

Miramar, no busques otra cosa en el mar que agua,
o vas a terminar consiguiendo tiburones.
Miramar no eres muy coherente,
vives sólo en mi mente.

Miramar, no pensabas al mudarte para allá,
ahora tu nombre cambia a cada rato.
Miramar estás loca
¿qué pensabas?

Miramar, ahora el mundo te da vueltas,
llevo encima nosecuantas cervezas.
Miramar ya no sabes a donde vamos
¿sabrás entonces cuánto te amo?

Miramar, vagabunda pendeciera,
disfrazada de dama de primera.
Miramar, estatua de sal al horizonte,
desnuda cabalgas tu rinoceronte.

Miramar, amiga de palabras y de verbos,
vives entre la segunda y la tercera persona.
Miramar, genia creadora de sus tonterías,
la primera ha de parecerte una broma.

Miramar, repite tu nombre, Miramar,
no vaya a ser que te acabes.
Miramar, no te vayas, Miramar.
¿dónde estás?

15.6.09

Crisálida

Dicen que porque soy blanco me gustan las morenas, pero Crisálida era tan pálida que tuve que enamorarme de ella.

Su piel era tan blanca, más bien transparente. Tenía un color rosado, el color del músculo que se colaba por su piel traslúcida. Sus venas, algunas azules, algunas moradas, parecían el exótico tatuaje de una mujer aventurera. Pero mi pálida Crisálida nunca había salido de su cueva.

Cómo llegué a conocerla no es el inicio, sino el final del cuento. Cuando era niño recuerdo hablar con mi abuelo por momentos, sobre el pasado, el presente y los arrepentimientos. Hasta que un día le dije -abuelo, basta ya del pasado, mejor hablemos de lo que ha pasado en el futuro-. No sé que habrá pensado mi abuelo, pero rió.

Aquel día, no obtuve respuesta que satisficiera; así que, impetuoso como soy, salí tres años más tarde a buscar en un aburrido presente a alguien que me contara qué habría pasado en el futuro.

Raro era entonces como me miraban aquellos que conocía en el camino y con quienes compartía mi misión, como si mis ideas no tuvieran sentido, y eso que yo les explicaba con elocuencia y emoción -si yo voy del pasado al futuro, sólo tengo que conseguir a alguien que vaya en la dirección opuesta. Fíjense, es pura lógica, dos personas que vienen en dirección contraria algún día han de encontrarse-, pero igual no entendían. Pobres.

Caminé un largo rato, cruzaba inesperadamente en una esquina. Pasaba a través de un desierto, perseguía sin éxito a una golondrina. Nadé un lago de orilla a orilla, luego nadé una piscina. Mi misión cada vez menos cristalina.

Finalmente llegué a una cueva, más clara por dentro que por fuera. Su luz, adivinarán, la de mi pálida Crisálida, que con sus ojos blancos me miraba. Sin decir palabra me invitó a pasar. Me dijo -ya sé, no soy morena, pero te enamoraste de mi dentro de un rato, cuando salgas de mi cueva-. La miré fijamente unos minutos.

Me di media vuelta y al salir de la cueva de Crisálida, tan pálida, ya estaba enamorado. Ahora regreso a donde mi abuelo, espero encontrarlo en su pasado, a ver si todavía ríe.

11.6.09

La sana apatía

Tenía tiempo sin pensar siquiera en política. Aunque, por supuesto, seguía leyendo las noticias de Venezuela con la misma regularidad de siempre, las leía con la apatía de quien ya resignó a que las cosas no están ni siquiera cerca de cambiar.

Sin embargo, pensando un poco en el origen de esa apatía, llegué a la conclusión de que sencillamente ya no comprendo las pasiones que desatan los políticos venezolanos, vengan del bando que vengan, en la gente que los sigue. No porque sea extraño que los gobiernos y los movimientos políticos desaten estas emociones, pero sí es raro eso en la Venezuela que yo conozco.

Hasta donde me da la memoria, a mi, que no viví a Pérez Jiménez o Goméz o cualquiera de los movimientos que se dieron en aquellas épocas tan solemnes del siglo XX venezolano (cuando se construyó nuestra democracia, digan lo que digan ahora); los venezolanos siempre vimos la política con desinterés, incluso sorna. Claro que esa fue la actitud que permitió que dichos políticos hicieran lo que les dio la regalada gana y llevaran al país a esta conyuntura, pero el recuerdo de canciones como “Políticos paralíticos” de Desorden Público o las constantes parodias de nuestros gobernantes que reinaban entre los scketches de los programas de comedia de siempre como Radio Rochela o Cheverísimo me hacen pensar que prácticamente nadie, sin importar el estrato social del que viniera, realmente le daba mucha importancia a estos personajes y mucho menos los dejaban guiar su conducta, su forma de tratar al otro.

Unos siguen a un gobierno cuyas obras son espejismos que se desvanecen cuando bajan los precios del petróleo. Los otros, siguen a un grupo de hombres ya grandecitos que no saben sino comportarse como niños, llorando y pataleando por todo lo que hacen los primeros, pero que rara vez hacen algo positivo o proponen algo medianamente interesante. Es decir, nuestros “representantes” siguen siendo la misma basura reciclada de siempre. Dan ruedas de prensa a diario, usando su mejor cara de “vine a salvar a esta tierra, a salvar al mundo de la injusticia”; pero, al abrir la boca, sólo insultan, denigran, etiquetan y desprecian al otro.

¿De verdad ese es el tipo de gente que uno debe seguir con tanta intensidad? Entiendo y comparto la pasión por un equipo de fútbol, por sus jugadores, ya que despliegan un talento y un esfuerzo en el campo que salta a la vista y se disfruta. Incluso la pasión por celebridades, actores, actrices y cantantes cuyo talento logra mover nuestras emociones ¿pero estos tipos?, ¿esa camada de viejos feos, tarados y prepotentes?

Cualquiera diría que es imposible ignorarlos, ya que ellos llevan las riendas de la nación, pero lo cierto y lo que vale es que nadie lleva nuestras riendas. No importa todo lo que un gobierno te quiera quitar, no importa lo que en efecto te quite, las riendas de nuestras vidas las llevamos nosotros mismos y la manera en que nos comportamos individualmente y la manera en que nos relacionamos con las personas que nos rodean, son completamente nuestra responsabilidad personal (que me valga la redundancia).

Puede que sea culpa de este gobierno la inseguridad que crece, como puede que sea culpa de los gobiernos anteriores la crisis económica que hoy mantiene la inflación subiendo continuamente, como puede que sea culpa de la oposición los ánimos violentos que se sienten hoy el país, ¿pero de quién es la culpa de los que lazan bombas lacrimógenas y niples contra un edificio lleno de gente sino de ellos mismos?

En un país donde nos repartimos entre políticos que no gobiernan porque su único objetivo es no dejar a los otros gobernar, tenemos que aprender entonces a gobernarnos a nosotros mismos. En un país donde ambos bandos frecuentemente olvidan que están ahí para trabajar más y hablar menos, tenemos que aprender a trabajar nosotros mismos por lo que queremos en vez de hablar tanto del porqué no lo tenemos.

Así que volveré a mi apatía. Esa saludable apatía de quien está harto de culpar a los demás de su situación, esa maravillosa apatía de quien decide asumir las riendas de su vida, independientemente de lo que digan los patéticos personajillos de la política nacional; ya que si espero a que ellos cambien las cosas por mi, estaré esperando por mucho mucho tiempo.